Silencios que pesan: Milei evitó referirse a La Madrid y al caso Pelli en su visita

Opinión

Silencios que pesan: Milei evitó referirse a La Madrid y al caso Pelli en su visita

La visita presidencial se desarrolló sin menciones a la crisis generada por las inundaciones en La Madrid ni al episodio que sacudió la política tucumana.

Julian Rosznercki

5 min de lectura
Silencios que pesan: Milei evitó referirse a La Madrid y al caso Pelli en su visita

La visita de Javier Milei a Tucumán dejó una escena tan potente como incómoda: un Presidente que habló durante más de una hora, pero que, en lo esencial, evitó decir lo que gran parte de la provincia esperaba escuchar. No fue un discurso vacío; por el contrario, estuvo cargado de definiciones ideológicas, referencias a Adam Smith, promesas económicas y su ya habitual “batalla cultural”. Sin embargo, el problema no fue lo que dijo, sino lo que decidió callar.

Porque mientras en el salón del hotel Hilton se desarrollaba una clase magistral sobre liberalismo, ajuste fiscal y moralidad económica, Tucumán venía de atravesar días críticos. La inundación en La Madrid, que comenzó en la madrugada del miércoles 11 de marzo, dejó a familias enteras bajo el agua, pérdidas materiales incalculables y un pueblo golpeado que aún intenta ponerse de pie. Esa realidad, concreta y urgente, no tuvo lugar en la agenda presidencial.

Tampoco lo tuvo el caso de Marcelo “Pichón” Segura, un nombre que en los últimos días se convirtió en símbolo de una trama que mezcla política, violencia y poder territorial. La agresión al diputado nacional Federico Pelli, atribuida a un puntero con vínculos en el ooficialismo, generó un fuerte impacto institucional. Era, sin dudas, uno de los temas que se esperaba que el Presidente abordara, sobre todo por tratarse de un dirigente de su propio espacio. Pero no hubo una sola mención.

Ese doble silencio no parece casual. Milei eligió no incomodar al gobernador Osvaldo Jaldo. Y esa decisión quedó expuesta desde el primer minuto: el saludo en el aeropuerto, las sonrisas, las fotos y el tono cordial marcaron una postal de convivencia política que contrasta con el estilo confrontativo que el Presidente suele desplegar en otros escenarios.

En ese contexto, la pregunta es inevitable: ¿quién capitalizó más la visita?

Desde lo simbólico, todo indica que Jaldo. Venía de una semana compleja, con inundaciones, cuestionamientos y un hecho de violencia política que lo rozó de lleno. Sin embargo, la presencia de Milei —sin críticas, sin reproches y con gestos de cercanía— funcionó como un alivio político. El silencio presidencial operó, en los hechos, como un respaldo implícito.

Para los libertarios tucumanos, en cambio, la visita dejó sabor a poco. Algunos esperaban un discurso más duro, incluso “explosivo”, que marcara diferencias con el gobierno provincial. Nada de eso ocurrió. Ni Lisandro Catalán ni el resto de la dirigencia local lograron instalar su agenda en la voz del Presidente.

Pero más allá de la disputa política, lo que queda es una sensación más profunda: la desconexión entre el discurso nacional y la realidad local. Mientras Milei hablaba de “déficit cero” y de una inflación que “arrancará con cero en agosto”, en el sur tucumano hay familias que todavía sacan barro de sus casas.

Mientras cuestionaba la “justicia social”, muchos vecinos dependen hoy de la asistencia estatal para reconstruir lo perdido.

El Presidente tiene derecho a elegir sus prioridades discursivas. Pero también tiene la responsabilidad de interpretar el contexto en el que habla. Y en Tucumán, ese contexto pedía otra cosa: al menos una palabra, un gesto, una señal hacia quienes estaban atravesando una situación crítica.

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