En 2022, su vida cambió de forma irreversible tras sufrir una agresión sexual múltiple. Como consecuencia del trauma, intentó quitarse la vida, lo que derivó en una paraplejia permanente, acompañada de dolor neuropático crónico y un profundo deterioro en su salud mental.
En abril de 2024, solicitó formalmente la eutanasia, amparada por la legislación vigente en España. El procedimiento fue aprobado por los organismos médicos correspondientes, que determinaron que cumplía con los requisitos establecidos por la ley.
Sin embargo, el proceso se vio interrumpido por la oposición de su padre, quien inició una serie de acciones judiciales para impedir la práctica. El caso escaló a distintas instancias, incluyendo tribunales nacionales y europeos.
Finalmente, la justicia falló a favor de Noelia, reconociendo su capacidad para decidir sobre su propia vida y rechazando los intentos de suspensión del procedimiento.
Más allá del desenlace, el caso expone un dilema profundo: el alcance del derecho a morir dignamente en contextos donde el sufrimiento combina factores físicos y psicológicos.
En un país donde la eutanasia es legal desde 2021, la historia de Noelia no solo refleja una decisión individual, sino también un punto de inflexión en la discusión social, ética y jurídica sobre el final de la vida.





