No todos los talentos nacen dentro de una escuela deportiva. Algunos aparecen en el lugar menos pensado.
En Concepción, al sur de Tucumán, Valentina Rosa Velárdez acompañaba a su madre a entrenar cuando una mirada cambió el rumbo de su vida. Gustavo "Sombra" Herrera, entrenador del Club Deportivo Sombra, observó su facilidad para correr, se acercó, habló con ella y le propuso empezar a entrenar.
Aquella invitación fue el punto de partida de una transformación tan rápida como inesperada.
En apenas tres años, Velárdez pasó de competir en pruebas locales a convertirse en una de las atletas de mayor proyección del país. Su crecimiento fue constante: primero llegaron los torneos provinciales, luego el salto al escenario nacional y, finalmente, la camiseta argentina.
El primer gran quiebre llegó en 2024, cuando disputó su Campeonato Nacional. Lejos de conformarse con la experiencia, convirtió ese aprendizaje en el impulso para dar el siguiente paso.
En 2025 fue convocada por primera vez a la selección argentina para competir a nivel sudamericano. Un año más tarde, la evolución fue todavía mayor: se clasificó al Campeonato Iberoamericano U20 de Lima, donde conquistó la medalla de plata en los 1.500 metros y le dio a la delegación argentina una de sus primeras alegrías del certamen.
Su temporada tampoco se detuvo allí. En 2026 se consagró doble campeona nacional U20 en 3.000 y 5.000 metros, estableciendo récords de campeonato, y días después volvió a subir a lo más alto del podio al quedarse con el título argentino U23 en los 1.500 metros, demostrando una versatilidad poco habitual para una fondista.
Las estadísticas reflejan ese crecimiento. Con apenas 19 años figura en el ranking internacional de World Athletics y continúa mejorando sus marcas personales en las principales distancias del mediofondo y el fondo.
Pero detrás de las medallas hay una deportista que insiste en poner el foco en otro lugar: el esfuerzo. Valentina suele remarcar que haber comenzado más tarde que la mayoría de sus rivales nunca fue una desventaja, sino un motivo adicional para valorar cada paso recorrido.
"Mis logros no le quitan mérito al esfuerzo de nadie, así como los logros de otros atletas tampoco le quitan valor al mío", resume una filosofía que la acompaña desde que comenzó a correr.
Con el respaldo de su familia, de su entrenador y de su club, la joven de Concepción ya dejó de ser una promesa local para convertirse en uno de los nombres propios del atletismo argentino. Y, por la velocidad con la que ha crecido, todo indica que su techo todavía está lejos.





