Desde un pequeño pueblo del interior tucumano hasta uno de los eventos culturales más importantes del país. Ese recorrido resume, en parte, la experiencia de Luna Albarracín, una joven de Río Seco, departamento Monteros, que logró presentar su primer libro en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires , un escenario que durante años imaginó como algo lejano.
Estudiante de cuarto año del profesorado de Lengua y Literatura en el Instituto Vocacional Concepción (IVC), Luna forma parte de una nueva generación de escritores del interior que comienzan a abrirse camino en el circuito editorial. Su llegada a la Feria no solo representa un logro personal, sino también una señal del crecimiento de voces literarias fuera de los grandes centros urbanos.
Su obra, titulada “Aquí yace algo que no debió despertar”, reúne doce relatos atravesados por una misma atmósfera: lo inquietante que se esconde en lo cotidiano. A través de escenas que combinan realismo con elementos fantásticos, la autora construye historias donde lo invisible se vuelve tangible y la violencia aparece en distintas formas, a veces sutil, otras brutal o íntima.
Entre los relatos, aparecen situaciones como una aplicación misteriosa que concede deseos sin explicar sus consecuencias, cuerpos que ocultan secretos enterrados o recuerdos que regresan desde lo más profundo del pasado. En ese universo narrativo, lo monstruoso no siempre está en lo desconocido, sino en aquello que resulta cercano.
Durante su paso por la Feria, Albarracín vivió además un momento especial al conocer al periodista Nicolás Kasanzew, reconocido por su cobertura durante la guerra de Malvinas. Según relató, el encuentro estuvo marcado por la cercanía y la sencillez, y culminó con el interés del periodista por su libro, del cual se llevó un ejemplar firmado.
La experiencia en Buenos Aires, entre firmas, charlas y encuentros, consolidó un proceso que comenzó en silencio, entre lecturas, estudios y escritura. “Es algo con lo que siempre había soñado, pero jamás pensé que podría pasar”, expresó la joven autora sobre su participación en la Feria.
Historias como la de Luna Albarracín vuelven a poner en foco el potencial cultural del interior tucumano, donde cada vez más jóvenes encuentran en la escritura una forma de expresión y construcción de identidad. En ese camino, su libro aparece como una puerta de entrada a mundos donde lo perturbador no está lejos, sino apenas oculto bajo la superficie de lo cotidiano.





